Otro fin de semana que se va. Éste ha sido bastante cultural y digamos que un poco diferente.

Empezó, como todos los fines de semana el viernes (sí señores, los fines de semana empiezan en viernes, al menos para los que el sábado no es laborable). Y el mío concretamente empezó con una propuesta cultural. Uno de mis señores profesores (que no señor padre, pero se supone que también son una figura de autoridad, de ahí el señor), Iván Ruiz presentaba su corto, "La culpa del otro". Yo ya lo había visto en clase, casi se puede decir que en primicia. Pero quería ver cómo se presenta un trabajo en público.

Lo presentaba en el Instituto Cervantes, todo como muy elegante y muy oficial. Con los actores, el equipo técnico y esas cosas tan interesantes. El corto fue bastante aplaudido, y aunque a mi me gusta (y más en pantalla grande) no fue un dato muy objetivo, porque la sala estaba llena de amigos y familiares.

Yo me presenté por ahí con mi prima y tuvimos que ver el susodicho de pie. Pero estuvo bien, es otra experiencia diferente y a mi como futura profesional (blink, blink) me interesaba ver el acto. No sé si ya lo he comentado, pero es un corto muy duro. Por decirlo de alguna forma, no le pega nada al señor Iván. Aparentemente. Él es un tipo con barba y grepas largas, aparentemente un poco vivalavida. Y el corto es muy serio, duro. DIferente. Y bien construído. Reconozco que me gustan (mierda, las palabras prohibidas, mala crítica es el "me gusta" y el "no me gusta") el guión, la realización y la fotografía. Y un par de cosas más que destriparían el corto. Ahora, como ya lo hice con mi prima, me abstendré de comentar esos detalles.

Después habíamos quedado en pasarnos por el local que habían alquilado los señores productores del corto (sí, el productor sí que se me hace una figura de autoridad). Y habíamos quedado en pasarnos Edu, Cinta y yo, porque Puri no podía. Cinta se rajó y Edu se hubiera rajado de no haberle llamado yo. Lo recogimos cerca del garito (a la presentación no le había dado tiempo a venir) y después apareció su novia. Hicimos acto de presencia, charlamos un poco con Iván, de Iván y de cosas varias y se nos ocurrió que era mejor idea irnos de tapas. Con lo cual, he probado lo tan típicamente de por estos lares que es irse de tapas. Y luego para casita. Pero fue entretenido y la charla más que amena. A destacar el momento en el que se le ocurrió contar a Edu que su padre se casa. Y no tuve más remedio que imaginar una situación similar. Curioso, cuanto menos.

El sábado se me cayeron planes poco probables, con los que no contaba demasiado, pero que no hubieran estado mal. No fue un gran día, porque me levanté tarde y terriblemente cansada (a pesar de que el viernes llegamos pronto a casa; di que a la una de la mañana me puse a ver "Memento".). Hicimos la comida y me acabé "Maus" (muy recomendable). Y a la noche me apunté al plan de mi prima de ir al cine. Total, que quedó con gente que no se conocía entre sí (vamos, Natalia, Marta y mi persona). Delante de taquilla cambiamos de opinión y fuimos a ver otra película. Resultó ser "My blueberry nights", que vimos en V.O.S. Eran unos cines muy curiosos, muy como de andar por casa. La película, dirigida por un señor claramente oriental (sólo hay que ver el nombre del señor en cuestión) se me hizo bonita. Es un adjetivo raro para definir una película, pero es que lo era. Tranquila, diferente. Una historia íntima. Y a mi, que no soy muy amiga de las películas románticas, no se me hizo ñoña. La historia de la cafetería me pareció preciosa. Una, que se debe estar hablandando. (me gustaron las interpretaciones, por cierto).

Y hoy domingo, había que seguir con el plan cultural. Iba a decir alernativo, pero tampoco... Otro plan que se nos ha caído (una especie de coro alternativo, por fala de aviso). Porque hoy nos hemos ido andando, hasta el Reina Sofía (bueno, y de camino he comprado un regalo de Navidad). Allí había una escultura en la que se supone que veías a la gente como flotando. Aunque creo que se define bastante bien el estado del arte moderno con la siguiente frase "¿y dónde está la gracia?". Total, que ni hemos subido a la torre (era un sistema de espejos) porque había cola. Nos hemos pasado por Atocha a recoger unos billetes y luego nos hemos ido a comer. Bocadillo de calamares. Al sitio más típico de Madrid, por lo visto. Castizo desde luego era. Los camareros típicos tenían que ser (sus buenos añadas tenían), a grito pelado con los del otro lado, peleándose por quien había pedido primero los susodichos bocadillos. Y uno de ellos que delante nuestro se ha puesto a recitar: Oh, ángel de amor, que en esta apartada orilla..."

Luego, camino de casa nos hemos encontrado un mercado con productos gastronómicos típicos de diferentes comunidades y nos hemos comprado un pastel gallego.

Y para casa. Por cierto, ha vuelto a nevar.

Mmmm... ¿me sentarán bien los gorritos de lana? (Pensando en buscar prendas abrigadas)